Acuerdo de París: ahora más que nunca debemos velar por su pleno y absoluto cumplimiento. [fr]

Artículo de opinión de Thierry Vankerk-Hoven, embajador de Francia en Costa Rica

En vísperas del Día mundial del Ambiente y del Día de los Océanos, la decisión del presidente de Estados Unidos de retirar su país del Acuerdo de París suscitó legítimas reacciones en todo el mundo. Generó sobre todo un saludable y positivo impulso: una movilización, sin precedentes, de toda la comunidad internacional para recordar la importancia primordial de este acuerdo histórico, aprobado en París el 12 de diciembre de 2015 por 195 países, en la cumbre de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que entró en vigencia en noviembre de 2016.

Este compromiso unánime por defender los logros de un texto - que representa una etapa crucial en la gestión multilateral de los desafíos a los que se enfrenta el mundo – muestra claramente que la lucha contra el cambio climático no es un desafío cualquiera. Es la demostración de la capacidad de la sociedad internacional de asegurar la sobrevivencia en el planeta, de mantener el equilibrio y la solidaridad necesarias para la coexistencia de 7 000 millones de seres humanos que lo habitan, es una lucha de la que depende el destino de las futuras generaciones.

Como lo recordó el presidente de la República Francesa “No nos engañemos, sobre el clima, no hay plan B puesto que no existe un planeta B… El Acuerdo de París no es renegociable porque no hay alternativa a la lucha contra el cambio climático… Si no hacemos nada, nuestros hijos conocerán un mundo hecho de migraciones, guerras, penurias, desapariciones de archipiélagos y de ciudades costeras causadas por estas consecuencias. Esto ya empezó. (…) No renegociaremos un acuerdo menos ambicioso. En ningún caso”.

La decidida implementación del Acuerdo de París es la única opción viable. Es imperativo que la comunidad internacional se consolide en un solo frente para promover este objetivo y preservar así nuestro patrimonio común.

El futuro de nuestro planeta representa un desafío universal, un bien universal del que ningún país – cualquiera que sea su tamaño –puede apropiarse. Su destino no puede ser objeto de ninguna decisión cortoplacista. Se inscribe de manera irremediable en una larga perspectiva que nos compromete con respecto a las generaciones que nos sucederán.

El cumplimiento de este acuerdo no atañe únicamente a los Estados, sino también en su conjunto a la sociedad civil, a las empresas y al sector privado, a las entidades territoriales. En este sentido, cabe destacar los muchos Estados federados como California, así como grandes ciudades y empresas en Estados Unidos, que tomaron inmediatamente posición confirmando su compromiso y el carácter ineludible de la puesta en marcha de este convenio.

El mundo de hoy está marcado por un nuevo paradigma sobre el modo de desarrollo económico que va a estructurar el siglo XXI y que va a generar los empleos del mañana. La mayor parte de las empresas de muchos países así lo han entendido. La transición energética, la conciencia social sobre la responsabilidad ambiental, son factores plenamente integrados en la toma de decisiones por parte de los responsables de entidades económicas. A este respecto, el planteamiento aprobado en el Acuerdo de París es una inestimable fuente de empleos y de crecimiento en todo el mundo, considerando que el costo de explotación de las energías renovables está en constante descenso.

Más allá de consideraciones puramente económicas, lo que está en juego fundamentalmente es nuestro modo de vida y nuestra responsabilidad, como individuos, en relación con lo que nos rodea y con nuestro lugar en el seno de la sociedad.

La preservación de la biodiversidad y de las fuentes naturales, la lucha contra la contaminación del aire y de los cursos de agua y océanos, la gestión racional del transporte y de la movilidad urbana están, cada vez con más fuerza, dentro de las principales preocupaciones cotidianas de nuestros conciudadanos. Ningún país escapa a esta condición.

Francia, como lo señaló el presidente Macron, mantiene la firme determinación de estar a la vanguardia de la conservación del medioambiente y de la lucha contra el calentamiento global, como lo estuvo hace dos años cuando condujo las negociaciones durante la COP21. Ella asumirá plenamente su papel y su vocación en el seno de la comunidad internacional, al lado de sus socios de la Unión Europea, para defender los compromisos suscritos en el Acuerdo de París.

Costa Rica, desde hace mucho tiempo, ha estado también a la cabeza de la protección del planeta. La concertación entre nuestros dos países fue ejemplar durante la COP21 en París y el tema del ambiente, bajo sus diferentes aspectos, es uno de los principales de nuestra cooperación bilateral.

Costa Rica y Francia forman parte de diversas iniciativas internacionales en favor de los océanos, sobre todo en la Convención de Cartagena y la Iniciativa Internacional para los arrecifes coralinos. En el campo, su colaboración es igualmente activa con, entre otros ejemplos, el observatorio Cousteau, creado en San José en 2011 para estudiar la biodiversidad de los ecosistemas marinos y costeros, o inclusive con la firma, dentro de algunas semanas, de un convenio relacionado con la restauración, conservación y gestión sostenible de manglares en el litoral Pacífico costarricense.

En esta lucha contra el calentamiento global, Francia está segura de seguir contando con Costa Rica como un socio de primer orden. Nuestros países son conscientes de que la suerte y el futuro de miles de millones de seres humanos en este planeta están ligados de manera indisoluble. Se trata, respetando la integralidad del Acuerdo de París, no solamente de defender los principios del multilateralismo - que dominan las relaciones internacionales desde hace 70 años -, sino también de conservar el patrimonio común de la humanidad entera.

San José, junio 2017

El periódico La Nación publicó este artículo en su edición del 14 de junio de 2017.

Dernière modification : 15/06/2017

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