Los restaurantes más insólitos de París

El placer de la buena mesa, la convivialidad y la elegante acogida de los restaurantes franceses sigue seduciendo a los extranjeros. Pero nada mejor que una dosis de algo inédito y con una pizca de fantasía para vivir experiencias únicas en restaurantes excepcionales. Lugares confidenciales y creativos, salidas en pleno día o a escondidas, París está llena de sitios insólitos y atípicos… Una recepción inolvidable en el corazón de la célebre Maison Baccarat… Una cena lírica con cantantes de ópera… Un almuerzo excepcional donde se conjugan la pintura, la escultura y la música… O bien una velada completamente a oscuras… ¡Tantas experiencias para satisfacer su deseo de aventuras!

Lo insólito, ¡un ingrediente nuevo para la gastronomía francesa! Varios dueños de restaurantes decidieron así asociar la originalidad y la fantasía para proponer lugares innovadores y atípicos. Acumular los placeres del espíritu y de la buena mesa, ¿no es acaso la mejor forma de lograr una salida exitosa?

JPEGReconocida en el mundo entero, la Maison Baccarat, un nombre mítico con el brillo del cristal, se instaló en el sublime palacete de Marie-Laure de Noailles, en el distrito 16 de París, y recurrió al talento del diseñador Philippe Starck para reinventar los salones, entre ellos el famoso Cristal Room, la quintaesencia de la excelencia francesa. Ubicado en el 1º piso, el restaurante Cristal Room Baccarat invita a probar platos refinados, preparados por Guy Martin, gran chef galardonado de renombre mundial. La decoración es extraordinaria por su extravagancia, su “decadencia” y sus tendencias: barroco elegante con una abundancia de arañas y candelabros de cristal… mármoles, espejos dorados, maderas, ladrillos y artesonados que forman un conjunto armonioso. El saloncito rosa, con su terraza privada, es espectacular y la exquisita bienvenida seduce a una clientela elegante e internacional.

JPEGEl restaurante parisino Dans le noir (A oscuras), como su nombre lo indica, sume a sus clientes en la penumbra total. Este concepto lúdico, que trastoca nuestras percepciones y sensaciones, propone a los visitantes comer a oscuras para concentrarse en el olfato, el gusto, el tacto y el oído. En la oscuridad, sólo algunos ruidos y susurros pueden distraer a los clientes de la degustación del menú sorpresa. Adaptados en función de la estación, los platos atípicos propuestos, servidos por no videntes, sólo se descubren al final de la comida. Con más de 150 000 visitantes desde su apertura en 2004, Dans le noir ha reproducido con éxito esta experiencia sensorial única en Londres, Barcelona y San Petesburgo.

JPEGAl empujar la puerta del restaurante el Bel Canto, nos sumergimos en un ambiente dorado, con colores de azafrán y de fuego. Todas las noches un grupo de artistas, cantantes líricos y pianistas, profesionales o estudiantes del conservatorio, con trajes de representación, cumplen aquí una doble función: servir a los clientes e interpretar las arias más conocidas de las óperas. En efecto, el Bel Canto es un encuentro entre dos mundos, el canto lírico y la gastronomía. En el programa figuran Verdi, Puccini, Mozart, Offenbach o Satie. De mesa en mesa, mientras pasan un plato o sirven de beber, los cantantes interpretan en dúo, en cuarteto o solos, partes de Carmen o La Flauta Mágica. El primer Bel Canto abrió sus puertas en 2000 al borde del Sena, junto al Hôtel de Ville de París, luego en el municipio colindante de Neuilly en 2004 y más tarde en Londres en 2008.

JPEGEn el Carrefour des Beaux-Arts, en el restaurante 1728 que recibe cada año 40 000 comensales, la gastronomía es creativa y los vinos son de autor y de colección. En este lugar refinado e inclasificable, entre la iglesia de La Madeleine y el Palacio del Elíseo, una residencia privada edificada en 1728 por Antoine Mazin (caballero y arquitecto del rey Luis XV), donde vivió el marqués de La Fayette, el arte culinario convive con la pintura, la escultura y la música. Se lo visita por el lugar mismo, rico en historia, pero también por las obras de la época, los muebles preciados, las boiseries o la colección de instrumentos musicales antiguos. Es posible comprar un cuadro del siglo XVIII mientras se bebe una copa de vino Nuits St Georges 1er cru. En cuanto a la cocina, el filete de buey preparado como gravlax, el foie gras marinado a la antigua o la mermelada de pomelo casera al jengibre confitado, saben resumir la actitud abierta y creativa de los dueños del 1728.

Annik Bianchini

Dernière modification : 23/12/2013

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